Hna. Martha Pereyra Yraola rscj
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Sierva de Dios


¡Conviertete! Si, volverme otra,

pero no yo, sino dejarme volver y

convertirme por Dios.

En manos de Jesus, a su disposicion.

Que El obre en mi y por mi.

El me reconcilie consigo.

Yo, por la humildad, desaparecer;

no creerme capaz, no sentirme

con fuerzas ni virtud para valerme y bastarme.

En manos de Dios, como una ninia pequenia.


 

Escribir algo sobre nuestra queridi­sima Ha. Martha Pereyra Yraola es muy difi­cil, al menos para mi. Impone y mas, teniendo tantas notas. Uno quiere decir mucho, tanto recibido, tanto que le vimos vivir y dar. Asi, sin medida, y a todos. Como dice una hermana, la ternura de Dios entre nosotros. Su presencia esta viva, a pesar de que hace casi dos anios que se fue.

En una hojita encontrada en un libro, que Martha escribio sin duda en sus ultimos anios, dice: "¡Conviertete! Si, volverme otra, pero no yo, sino dejarme volver y convertirme por Dios. En manos de Jesus, a su disposicion. Que El obre en mi y por mÃi. El me reconcilie consigo. Yo, por la humildad, desaparecer; no creerme capaz, no sentirme con fuerzas ni virtud para valerme y bastarme. En manos de Dios, como una ninia pequenia." Sin duda era su deseo, y eso es lo que vimos que Dios hizo en ella. Somos testigos.

En julio de 1998, Martha tuvo una gripe muy fuerte y quedo fragil, pero siguio su vida ordinaria de entrega y servicio. Entonces sintio la muerte cerca y tuvo un poquito de miedo. El lunes 24 de agosto, al llegar yo -Ha. Alicia Hughes, superiora de Almagro- del campo, ella me estaba esperando con otras hermanas, y me acompanio mientras comi­a y secabamos los platos. Y nos fuimos a descansar. Al rato sali del cuarto y vi la luz de Martha prendida y fui a ver que pasaba. Habia pedido auxilio pues tenia un fuerte dolor en el pecho y la espalda. Buscamos otra enfermera, que ocasionalmente estaba en casa, y le tomo la presion: estaba muy baja. Y fue a procurarle alivio. Y asi me quede sola con ella, y le pregunte si teni­a miedo; me dijo que no con su paz acostumbrada. Entonces le comento algo de una carmelita, Sr. Marie du Esprit, que justamente habi­a lei­do en el campo. Ella dice que frente a la muerte, lo unico es creer obstinadamente que un amor me espera. Pero senti que ya estaba en otra. El dolor seguia, pero nos queri­a despreocupar, que nos fueramos a dormir que ya pasaria . Nos quedamos rezando con ella, invocaciones que le gustaban. Y al ratito tuvo un gesto de todo el cuerpo, y fue dejando de respirar...

Y asi, en menos de una hora, el 25 de agosto, visperas de cumplir 85 anios, llego al encuentro de su Senior!, a quien amo con toda intensidad, y a quien sirvio con la mas delicada fidelidad! Si la muerte es reflejo de la vida, ¿como preparo ella este encuentro?, ¿como la preparo Dios en su misericordia?

Martha Maria Sara Clara, nacio el 26 de agosto de 1913, en Buenos Aires, la sexta de D. Marti­n Pereyra Yraola y Esther Ayerza, feliz matrimonio cristiano, cimentado en una fe profunda, que le recibio con todo carinio y ternura. Sus padres formaron una familia de diez hijos, cuatro varones y seis mujeres, a los que procuraron una infancia feliz y sana, entre Buenos Aires y el campo, donde pasaban largas temporadas. Alli, con primos y amigos, gozaban de todos los atractivos de la vida de estancia. Esto le dio materia de anecdotas que siempre tenia a mano. Asi­, la de la seniora del capataz, a quien siempre acudi­an por algun desperfecto en la casa, decia : "Yo no puedo, pero Juan -su marido- puede"; y ella lo aplicaba, "Jesus puede".

Martha escribe en sus notas: "La primera infancia fue muy feliz, pero pronto entro el dolor en la familia. Mama murio en 1922, cuando el mayor de los chicos tenia 16 anios, y la mas pequenia solo 7 meses. Su ausencia la sentimos siempre, aunque las tias Ayerza se ocuparon muchisimo de nosotros. Nunca agradeceremos bastante su carinio y dedicacion en todo momento, y especialmente en las circunstancias que mas lo necesitabamos. Tambien papá fue admirable asumiendo en si mismo el papel de padre y madre. Y queriendo conservar lo que las chiquitas no podian acordarse del recuerdo de mama. Asi­ ante una actitud linda, nos deci­a con carinio de aprobacion: 'Tu madre hubiera hecho lo mismo'. O segun el caso contrario: 'Tu madre no hubiera obrado asi'. Aun tengo grabadas estas frases, que le agradezco de corazón a papá. Tampoco olvidare algunas veces que a traves de cosas y recuerdos de mi madre, que teni­a guardados en un ropero especialmente reservado para eso, nos hablaba de ella, nos mostraba esas "cosas" que nos haci­an conocer mucho de sus sentimientos.

En 1920 hice la primera comunion, preparada por mama y el P. Sampay (de los padres del SC de Betharamn) que habi­a preparado a mis hermanos mayores; ¡un santo viejito! Le agradezco a Dios lo que recibi de los dos, el recuerdo de ese dia precioso!

En 1923, fallecio mi abuela, entonces papa accedio a confiar nuestra educacion al SC., y el 4 de abril entramos las tres mayores en el colegio de Callao. Anios de gracia que de corazon agradezco al Senior porque me marcaron para la vida. Papa nos dio a las tres una medalla del angel de la guarda para que nos acompaniara en nuestra educacion. Era la preocupacion que teni­a con mama  enseniarnos a vivir para Dios y para los demas".

En el colegio Martha se sintio a gusto y, aunque su timidez, a veces le jugaba en contra. Gozo de estos anios. Alla comienza una amistad con una espaniola recien llegada y un tanto despistada, a quien se le acerca en 5°, Grado, invitandola a ser su amiga: la Hna. Ana Maria Aramendi. Conservo esta amistad, que las acompaniara en todas las etapas de sus vidas.

Sigue diciendo Martha en sus escritos :"Dos anios despues de salir del colegio(1932), descubri que teni­a vocacion. Me ayudaron mucho, en ese tiempo, a seguirla y realizarla ademas del confesor, el P. Lerida, una amiga que me animaba con sus "fervores': la mayor de mis tias, imposible decir el tino, discrecion y carinio con que me siguio y acompanio, y mi tía Marta Ayerza RSCJ, que me recibio en el noviciado al anio siguiente, el 23 de junio de 1933, y a quien le debo muchisimo. Mi entrada fue en Almagro. Alli estuve hasta que pudo abrirse la casa de Castelar, en marzo de 1935; entonces se hizo el traslado del Noviciado. En Castelar hice los votos en enero de 1936."

En otras notas, Martha cuenta, hablando de su padre: "Cuando le dije que queri­a entrar en el Sagrado Corazon, le costo mucho. Pensando que suavizaba la pena, trate de hacerle ver que era de agradecer que fuera yo la llamada por el Senior: mi timidez, mi modo de ser, pensaba yo, haria menos sensible mi partida, que si la vocacion hubiera llamado a otra de las chicas, mas alegre, mas dada, etc. Me corto para decirme: 'no entiendes nada. Quizas sepas otras cosas, pero no lo que es ser padre. Un hijo nunca ocupa el lugar de otro, cada uno tiene el suyo'. Y lo probo; nos tomo a cada uno segun eramos".

Una pena grande siguio a su entrada, aunque ella no la menciona en sus notas. A pocas semanas de entrar, su hermana Elena de 14 anios, se enferma de una gripe, aparentemente sin importancia, que se complica y en pocos dias se fue al cielo, el 8 de julio. Se le ofrecio a Martha salir para acompaniar a su familia, pero ella vio mejor no hacerlo para ofrecer su sacrificio. Su padre la comprendio y acepto este nuevo golpe tan fuerte, estando firme junto a su hija, preparandola a bien morir. Conmovio a todos el mensaje que le daba a Elena: "que al llegar al cielo, diera un abrazo grande a su madre de parte de su papa", mostrando asi su talla seria y cristiana. Mas adelante tambien le toco otra pena cuando Martin, el hermano mayor, casado y con cuatro hijos, murio de un infarto en el campo, en medio de una reunion de familia.

La vida de Martha en el noviciado fue como su vida entera: una entrega siempre fiel con serena alegria, en un amor creciente a su Senior. Abnegada, poniendo amor en todo lo que hacay eligiendo, como lo hizo naturalmente siempre, el ultimo lugar y lo mas pobre. Tomo muy en serio su vida religiosa. Cuentan sus hermanas de noviciado de este tiempo, su deseo de "ser fiel hasta el menor detalle; ser pobre con Jesus que se hizo pobre, buscando la sencillez que no desea mas que a su Dios...Asi fue su vida"... Tambien recuerdan su sentido de! humor, con sus ocurrencias espontaneas que haci­an reÃir. Mas porque era divertida sin ser muy consciente de ese don que tenia. Siempre nos alegro en las reuniones, con los chistes prontos y oportunos.

Despues de los primeros votos vino Almagro, por unos anios, como maestra de clase y sacristana, hasta que en 1942 comenzo su etapa de Vigilante del Noviciado, con clases en el juvenato y en el colegio. Sera tal vez la etapa mas larga (1942 a 1955), y muy recordada por todas las que vivieron con ella. Muchas de las novicias de entonces dicen deberle a ella su permanencia en la Sociedad; gracias a su actitud serena, su presencia irradiante, mostrando su amor a Jesus en todos sus gestos de bondad, ternura, servicio incondicional. Su palabra siempre alentadora, compartiendo las alegrias y penas, riendo y llorando con ellas; a veces antes que ellas. Otra menciona "la coherencia con su ideal de vida, honesta y sin doblez". No olvidan su mirada limpia y transparente. Su presencia fue muy especial sus multiples facetas la hicieron inolvidable. Asi corno tambien para las ninias de Castelar, que guardan un recuerdo lleno de veneracion. Cuando dejamos el colegio de Castelar, en la misa de despedida, a todas nos sorprendio el primer aplauso que dieron a Martha; fue, sin duda, la mas aplaudida. Y eso que su accion habia sido generalmente desde el "interior" del convento, al menos en apariencia.

Tal vez su etapa mas dura fue desde 1955 a 1968, cuando fue Maestra General de Almagro, Asistenta, Maestra de Novicias y Superiora sucesivamente. Su timidez y su resistencia natural a los cargos le dieron trabajo. Ya su padre decia, comparando a sus dos hijas religiosas, que "Sara es para ministro de Relaciones Exteriores y Martha, para el Interior". El atractivo natural por Nazaret le acompaniara siempre; alli se sentia bien ella misma, sirviendo, estando a disposicion de todas, pasando desapercibida. Muchas de sus alumnas de entonces la recuerdan con mucho carinio. Recuerdan de sus retos, mas que sus reprimendas, sus ojos compasivos y tiernos, que se fijaron en la memoria.

De su epoca de Asistenta, le recuerdan ese ser la primera en todo lo comun, su comprension de saberse poner en el lugar de quien sufria frente a los problemas y compartirlos. El estar siempre donde la necesitaban, siempre disponible. A todas dejo la impronta de su vida en Dios, el mensaje de "algo" muy especial que haci­a bien y daba ganas de ser mejor. Esto tanto a las religiosas, como a quienes colaboraban con nosotras.

En la apertura de la Sociedad, despues del Concilio, en ese claroscuro de la tormenta que sacudio a la Iglesia, la figura de Martha nos aparece, escribe una hermana, como "la imagen de la fidelidad creyente". Se le abrio una nueva dimension en la que pudo expresar, en formas nuevas, lo que teni­a en su corazon de amor a los pobres, de entrega a ellos, de ser una pobre entre ellos, y transmitirles toda la ternura y compasion del Corazon de Jesus. Y asi tuvo la alegria de vivir en distintas comunidades del interior y en barrios: Reconquista, Libertad, Famatina, Villa Diamante. En todos dejo el recuerdo y admiracion que rayaba en veneracion. Muchas anecdotas nos la muestran cercana, sintiendose una de ellos.

Entre los testimonios de su vida, cuentan que en Famatina, con el gran frío del invierno, Martha andaba sin medias; las vecinas vinieron a preguntar a las hermanas si no tenía plata para comprarlas porque, en ese caso, ellas lo harían. Su ajuar era bien chico, no necesitaba mas. Cuando tuvo que volver a Buenos Aires en poco tiempo sorprendio con que rapidez armo su valija; unos minutos y todo estaba listo. Cuentan que caminaba largas distancias para visitar por el pueblo, como si no se cansara, y todas sabi­amos que estropeados tei­a sus pobres pies; pero eso era natural en ella. Y al dejar Famatina, las hermanas que la reemplazaron se movian muchas veces en auto, lo que hizo exclamar a una seniora de alli: "La hermana viejita venia caminando y ustedes, jovenes, vienen en auto". Muy a menudo, volvia de sus visitas con pan casero, huevos, nueces, o galletitas que le regalaban. Asi, como en Villa Diamante, cundo volvia a ver a sus amigas, le daban plata para el colectivo, cosa que solo a ella le ocurria. Estos gestos nos mostraban hasta que punto la sentian pobre. Sus visitas llevando la comunión y su amistad quedan en el recuerdo.

Hay un episodio que resalta la serenidad y lo pintoresco de Martha en medio del terror. "Vivi­amos en la Casa Provincial, en Villa Diamante, alla por 1994. Esa noche hai­amos quedado solas, Martha y yo, cuenta la Ha. Felicitas Nesi, durmiendo en una parte de la casa (un patio interior la separaba del resto). A eso de las 3 de la maniana un ruido de vidrios rotos nos desperto y, de un salto, nos encontramos en la puerta de entrada. Evidentemente, alguien habÃia roto el vidrio con intencion de entrar. La llave estaba puesta. Asustadas, salimos al patio y comprobamos que algunas cosas de la despensa estaba listas para ser llevadas. Pensando que no habiamos dado tiempo al ladron, entramos y nos volvimos a la cama. Al llegar a la mia, vi con terror al ladron -un muchacho de unos 34 anios- asomandose detras de mi en el momento en que me acostaba. Habia dispuesto todo para lo peor. Aterrada grito: 'Martha, Martha, el hombre esta aqui!' 'y no se como, en un abrir y cerrar de ojos, nos encontramos los tres en la puerta del banio. Martha, en su largo camison de invierno y con el pelo suelto, comenzo una larga catequesis que duro cerca de una hora; '¿Que estas haciendo aqui, a estas horas de la noche, en una casa religiosa? Si tu madre te viera, te desaprobaria...'. '¡Mi madre...! ¡Es una hija de tal por cual! ¡Me abandono cuando tei­a tres anios!", respondio el con una amargura desafiante, mientras me amenazaba sobre el cuello con una sevillana. Martha empezo a hablarle del cielo. Nos pidio el dinero de la casa, el grabador y, por ultimo, me dice: '¿Que tal si yo te digo que la ates (a Martha) y me voy con vos?' Martha, con una voz llena de ternura, lo fue desarmando. Sus respuestas de delicada serenidad, poco a poco, lo fueron calmando hasta que dijo: 'Hermana, yo quiero venir maniana a confesarme con usted'. A lo que Martha le contesto: 'Yo puedo recibirte cuando quieras, pero no a estas horas; y por la puerta de entrada'. Le convencio de que se fuera. El pidio plata para el colectivo. Martha le dio , a lo que el le contestó: ‘No, Hermana, es para el colectivo; con /home/free/cgi-bin/util/sitebuilder,70 me alcanza' y le devolvio el resto. Ya se habi­a ido, cuando a los pocos minutos volvio a pedirnos el grabador. Martha le decia: 'M'hijo, no son horas ¡Ya te fuiste! No te vamos a volver a abrir la puerta...!'. Pero yo, con el grabador en la mano, se lo alcance a Martha : 'Daselo, daselo y que se vaya!'. Martha le seguia predicando y hablando de Dios, mientras se lo pasaba a traves del vidrio que habia roto: 'Cuidado, Hermana, no se vaya a cortar'. Martha, con su dulzura y presencia de animo, ¡era capaz de desarmar a una fiera! En aquella noche me salvo la vida y algo inolvidable de ternura y misericordia de Dios dejo sembrado en aquel hombre."

Una llamada de atencion de su salud en Famatina, a causa de la altura, le hizo volver a Buenos Aires, y vino a Villa Diamante y a la Casa Provincial como Secretaria de Provincia. Su presencia era pura acogida. Su fisico decaia, pero pareci­a estar siempre estrenando su serena alegria y disponibilidad para cualquier servicio. Con su ternura decia: "Pobrecita..." cuando alguna de nosotras no habia actuado bien o hacia comentarios al respecto. Parei­a que espontaneamente penetraba en la causa doliente de cualquier conducta inoportuna. Las cosas le afectaban, a veces con esta compasion tierna. Pero Martha tenia naturalmente un caracter fuerte; tenia sus impaciencias, su amor propio, algunas cosas le irritaban, podia ser meticulosa en algunas ocasiones. Pero todas estas debilidades, resaltaban su ferrea voluntad de vencerse, su certeza de que "Jesus puede, como Juan" mostraban la fortaleza profunda de quien contaba con la seguridad del amor gratuito de Dios.

En 1991, recibio su ultima obediencia para venir a la casa grande de Almagro, esta casa donde habia comenzado su aventura de adentrarse y sintonizar con el Corazon de Jesus. Aqui fue nuestra "ama de casa", y muchas tareas mas, hasta partir al cielo.

Todas las hermanas de la casa y visitas de la Provincia, resaltan la calidez de su acogida. Parei­a siempre pronta para acoger, esperando con un cafecito, su sonrisa, sus favores de cualquier especie, mil detalles inolvidables que hacia sentir a gusto a todas. La sala de trabajo, o del "mate", era su lugar de estar al servicio. En alguna ocasion comento que preferia estar alli, aunque le interrumpieran o le molestaran los ruidos o la TV, que ir a su cuarto porque "si me voy a mi cuarto y me necesitan para pedirme algun favor, '¿como me van a encontrar?" Asi­ sabi­amos que alli estaba su lugar, en la mesa de trabajo, donde siempre tenía algo entre manos. Alli ponia al servicio de todas su arte de encuadernar y hacer nuevos los libros mas destartalados. Con esto presto muchos favores tambien a la biblioteca del Colegio y Profesorado.

La mortificacion parecia haberse hecho natural en ella, asi como la pobreza. Le vei­amos sentirse a gusto con lo mas pobre. Cuando le toco vivir unos meses en Los Blancos, acompaniando a la Hermana Maria Bassa que estaba sola alli en una situacion bastante precaria, se la veia gozar como en un palacio. Nunca le vimos mostrar cansancio; no era de ella exteriorizarlo. Asi se sorprendio cuando una hermana comento su cansancio y ella rapidamente le dijo: '¡Bendito sea Dios! Peor seria que no llegaramos cansadas a la noche!", mostrando asi­ su habito de vida.

 Todo en Martha era revelador de su secreto interior: el Senior, a quien busco siempre y por encima de todo; ese Senior que era presencia viva en ella a traves de su mirada limpida y su entrega fiel. La oracion era su gran cuidado, "su obligacion mas sagrada y como su mas dulce ocupacion". Trascendia a todos que Jesus y el ser suya era lo mas importante, su alegria mas profunda. Tenia gran amor a la Eucaristia, que se expresaba en la adoracion a Jesus hostia, y al llevar la comunion a las enfermas. Les contagiaba, dicen, su devocion. Todos los detalles de la vida religiosa y la Sociedad eran sagrados y lo comunicaba.

Si bien la comunidad, la provincia, era su primer lugar de presencia, Martha teni­a un grani­simo amor a su familia, a todos los suyos. Su cercania de oracion y su interes especial les acompaniaba, sobre todo cuando sentia que la necesitaban. Les prodigaba todo su carinio tierno. Una de sus ultimas alegrias, unos dias antes de su muerte, fue conocer al nieto de un sobrino muy querido. Gozo con esta visita, y la compartio con todas nosotros, y con su hermana Sara, un poco menor que Martha. Pudo con la vida religiosa, ya que entro al noviciado un poco mas tarde. Vivieron en la misma comunidad en algunas etapas de sus vidas; y tambien en los ultimos anios de Sara, hasta julio de 1994, en que esta murio repentinamente. Si bien compartian el mismo ideal y con gran calidad espiritual las dos, sus distintas formas de ser y enfoques, mostraban lo que su padre, con mucha perspicacia expresaba: "una ministro de Interior y la otra, del Exterior". Las dos dejaron huellas profundas en todos.

Asi como vivio simple y serenamente, sin dar trabajo nunca, asi el Senior la llamo. En su muerte nos reunio a todos: ricos, pobres, familia, RSCJ, exalumnas, amigos, empleados del colegio, etc., asi acudieron de todos lados donde ella vivio, porque sin duda dejo el recuerdo de la ternura compasiva de Dios! Tambien vino el Arzobispo de Buenos Aires con un ramo grande de rosas, "a darle las gracias en nombre de la Iglesia", y estuvo rezando un rato y expresando el carinio y admiracion que siempre le manifesto. Por la tarde del 25, el padre Domingo Miner (del SC. de Betharram), muy amigo de la familia, vino a celebrar una misa. Y al dia siguiente celebraron Mons. Serra con los dos capellanes del Colegio. Cuando Martha ayudaba a dar la comunion, la miraban rezar diciendo que "verla les ayudaba". El Parroco tambien nos llamo por telefono desde el sur donde estaba, para expresar su union; muchas veces se confesaba con el.

No dudamos que ahora esta gozando en los brazos del Padre, donde sin duda siempre quiso estar. Y nos manifiesta con claridad que el Senior la poseia: '¡Dios estaba alli!" ¡...y lo presentiamos!

Por eso agradecemos a Dios este don de la vida de nuestra Hermana, esta alegria de haberle conocido, de haberle tenido por Hermana, alegria de sentirla cerca, viva en medio de nosotras, como y con Jesus... ¡como mujer de fe, de amor, de presencia tierna de Dios!


 





 


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